No hace mucho, uno de mis mentorados, un ejecutivo brillante, apasionado y con una trayectoria impecable, llegó a nuestra sesión con una sonrisa forzada y un café extra grande en la mano. Casi sin mediar palabra ni preguntarle, me dijo: “Estoy bien, solo ha sido una semana dura”.
Al poco de hablar, se le quebró la voz: “Me levanto cansado, todo me irrita, y siento que por más que haga… no avanzo. El trabajo que antes me motivaba ahora me pesa como una mochila de piedras”.
Enseguida entendí que no estaba frente a un simple cansancio. Estaba viendo “burnout” en acción.
Y es que el “burnout” no es ‘estar cansado’. Es estar vacío. Se pierde energía, humor, creatividad…
Como mentor, he acompañado a líderes y profesionales brillantes que, en algún momento de su trayectoria, han sentido que la llama que los impulsaba se apagaba. No fue de un día para otro, sino un desgaste acumulado que desembocó en lo que hoy conocemos como “burnout”.
Y hablando con sinceridad, debo decir que yo también he tenido episodios de “burnout” que me han ayudado a vivir y comprender en primera persona tanto el impacto del contexto propiciado por un jefe tóxico, como por mis propias rutinas de trabajo y creencias que propiciaban un lento pero excesivo consumo de energía.
En todos los casos, el encontrar el camino de salida, el apagar el fuego, ha sido un aprendizaje que comparto con mis mentorados y que me sirve de defensa para no volver a repetir patrones.
¿Qué es el “burnout”?
La definición que nos ofrece la Organización Mundial de la Salud y que asume la psicología, es un “síndrome de agotamiento físico, emocional y mental causado por el estrés laboral crónico que no ha sido gestionado adecuadamente.”
No es simple cansancio: es sentir que el trabajo, antes motivador, ahora es una carga que drena la energía y la ilusión.
En la práctica, lo veo manifestarse en tres planos:
- Agotamiento emocional: sentirse vacío, sin recursos internos para seguir.
- Despersonalización: volverse cínico o distante frente al trabajo o las personas.
- Sensación de ineficacia: creer que, por más esfuerzo, nada mejora.
¿Cómo puede surgir?
El “burnout” no aparece de golpe. Se gesta en un contexto de exigencia constante y falta de recuperación:
- Sobrecarga de tareas sin priorización real.
- Perfeccionismo que lleva a autoexigirse más de lo necesario.
- Falta de límites entre vida personal y trabajo.
- Reconocimiento insuficiente, lo que erosiona la motivación intrínseca.
A veces, los profesionales con más vocación y compromiso son los más vulnerables: se entregan tanto que no ven venir el desgaste… hasta que el cuerpo y la mente dicen “basta”.
La explicación neurocientífica
El “burnout” no es solo “mentalidad” o “actitud”; tiene una base biológica clara. Cuando el estrés se mantiene en el tiempo, el eje hipotalámico-pituitario-adrenal permanece hiperactivo, liberando de forma constante cortisol. Esto provoca:
- Alteraciones en el hipocampo (afecta memoria y aprendizaje).
- Sobreactivación de la amígdala (incrementa reacciones emocionales).
- Disminución de la corteza prefrontal (reduce capacidad de tomar decisiones y regular emociones).
En pocas palabras, el cerebro se queda “en modo supervivencia”, lo que dificulta pensar con claridad, innovar y mantener la motivación.
Impacto del “burnout” en personas y equipos: Algunos datos cuantitativos
El “burnout”, aunque se sufre a nivel individual, también tiene un impacto importante en los equipos y en los negocios. Podemos decir que no solo “quema” a las personas, sino que también “apaga” a los negocios.
Veamos algunos datos:
En las personas:
- 77% de los profesionales han experimentado burnout en su trabajo actual (Deloitte, 2022).
- Las personas con burnout tienen 63% más probabilidad de tomar una baja médica prolongada (OMS).
- El burnout reduce la productividad personal en hasta un 50%, según estudios del Journal of Occupational Health Psychology.
- Se asocia con aumento del 23% en insomnio y mayor riesgo de ansiedad y depresión (Mayo Clinic, 2023).
En los equipos y organizaciones:
- $322 mil millones: estimación global del costo anual del burnout por rotación, ausentismo y pérdida de productividad (Gallup, 2023).
- Equipos con miembros en burnout tienen:
§ 41% más ausentismo
§ 13% menos productividad
§ 66% más rotación (Gallup).
- Los líderes agotados son 2,6 veces más propensos a generar climas laborales tóxicos.
Estos datos son sumamente importantes para los líderes y empresarios y debe ser una preocupación estratégica el conocerlos y analizarlos, a través de encuestas de clima organizacional, de conversaciones con los colaboradores y del análisis de los datos de ausentismo, de bajas de productividad, de rotación.
Todos ellos son el resultado observable de un problema que si no se aborda puede dar al traste con el negocio y con las personas.
Cómo abordarlo desde la mentoría
En mi experiencia, el abordaje no de ser solo curativo, sino también preventivo:
- Reconocer señales tempranas Enseñar al mentorado a identificar cambios en energía, actitud o disfrute del trabajo antes de que se agraven.
- Rediseñar rutinas que garanticen el descanso y equilibrio Incorporar pausas reales, descanso nocturno de calidad y momentos de desconexión total y modelos de equilibrio vida personal vida laboral
- Revisar objetivos y prioridades No todo es urgente. Trabajar en definir lo importante y soltar lo que no aporta valor, lo cual supone trabajar sobre el estilo de pensamiento de las personas
- Reconectar con el propósito Recordar por qué se eligió este camino profesional y cómo alinear las tareas diarias con ese sentido.
- Entrenar la resiliencia Practicar técnicas de regulación emocional, como respiración consciente, mindfulness o actividad física moderada.
- Fomentar redes de apoyo Evitar el aislamiento; contar con colegas, amigos o mentores para compartir la carga emocional
- Ayudar a tomar decisiones valientes Ayudar a decidir la salida de un entorno o liderazgo nocivo y que genera de manera recurrente “burnout” y que no está en tu mano cambiar.
- Sugerir, impulsar cambios organizacionales y de liderazgo
En la práctica del mentoring se pueden identificar frecuentemente, modelos generadores de “burnout” basados en criterios de productividad poco eficientes
Reflexión final
El burnout no es una señal de debilidad, sino una advertencia de que algo en la forma en que vivimos y trabajamos necesita cambiar. Como mentor, mi papel es acompañar ese cambio, ayudando a transformar el desgaste en una oportunidad para replantear la manera en que ejercemos nuestra profesión… y cuidamos de nosotros mismos.
¿Has sentido alguna vez el “burnout”?
¿Cómo lo has superado?
¿Sabes cómo prevenirlo?
¡Hablemos de “burnout”!
José Luis Altolaguirre González
WhatsApp: +50688884648
Comentarios recientes